Mientras me aproximaba a la propiedad de mi hermano y mi cuñada, el corazón se me entristecía. Todas las posesiones terrenales de Rodney y Mercy estaban amontonadas en su jardín delantero esperando a que se las llevaran.
La semana anterior, el huracán Helene había enviado una fuerte oleada de agua salada a miles de hogares de toda la costa de Florida.
Ya muchos me habían dicho: “Kristi, ni siquiera sabemos por dónde empezar”. Pero no tuve conciencia de la destrucción hasta que la vi por mí misma. Parecía una zona de guerra.
Encontré a Mercy en el garaje revisando cientos de fotos mojadas, tratando de salvar preciados recuerdos. Esperaba verla abatida, llorando, tal vez incluso furiosa. Pero me recibió con un gran abrazo y me agradeció haber venido a ayudar. No sentí merecerlo pues solo podía quedarme por 24 horas.
“No parece, pero hemos avanzado mucho”, añadió Rodney.
Tenía razón. Era difícil apreciar cuánto habían hecho con los montones de escombros y todo el trabajo que les faltaba. Pero una vez adentro, pude ver que la casa estaba vaciada, lavada con agua a presión y desmantelada hasta las columnas.
Recordé el comentario de no saber por dónde empezar y entendí que para avanzar, una persona no tiene que saber exactamente por dónde comenzar, solo tiene que estar dispuesta a meterse en el lío y arrancar.
Lo que hacía aún más valientes los esfuerzos de mis familiares era que Milton, una tormenta de categoría cinco, se abalanzaba sobre ellos. Habría sido fácil decir: “¿De qué sirve? Este huracán acabará con todo lo que hemos hecho”. Pero siguieron trabajando, negándose a pensar en lo que podía suceder.
Más personas se acercaron para ofrecer palabras de aliento, comida y una mano. Sin embargo, a la larga todos nos fuimos.
Pero Rod y Mercy no podían darse ese lujo. Para reconstruir sus vidas, tenían que volver todos los días. No podían esperar a que alguien llegara y solucionara su problema. Tenían que asumir la responsabilidad de su hogar y su futuro.
Habría sido fácil enfadarse con los que no se habían presentado, pero amargarse por la intervención o no de otra persona no arreglaría su situación. Lo único que haría sería impedir que avanzaran. Rod y Mercy eligieron agradecer por quién estaba allí, sin importar cuánto tiempo permaneciera.
Me desconcertaban algunos de los artículos que veía apilados. Desde lejos, parecían recuperables. Pero más de cerca uno identificaba paneles eléctricos fundidos, corrosión, moho, hongos y aguas residuales sin tratar. Rod y Mercy tenían que retirar esos objetos antes de que sus vidas pudieran ser restauradas.
También me sorprendió cómo asumieron el proceso. No se quejaron ni señalaron la pila y dijeron: “¡Mira lo que perdimos!”. Más bien, celebraron los artículos que recuperaban aunque fueran pequeños. Para Mercy, cada fotografía salvada era motivo de festejo. Sonreía, reía y gritaba: “Ven, Kristi, mira esto”. Parábamos de trabajar y nos entregábamos al recuerdo.
Unos días antes, una vecina le había dicho a Mercy en tono de regaño:. “¿Cómo puedes reírte en un momento como este?”. No sabía que la risa y la gratitud eran lo que mantenía a Mercy a flote, y evitaba que se pusiera furiosa y cínica. Esa es una gran lección para todos nosotros.
Tal vez usted también se enfrente a una tarea insuperable. Tal vez no sepa por dónde empezar. Comience por pedirle al buen Señor que lo ayude; Él le mostrará el camino (Proverbios 3:5–6; Salmos 119:105). Luego haga sus emociones a un lado y enfréntese al caos con Él.
Tendrá que ensuciarse las manos para retirar lo contaminado (tal vez incluso a personas). Puede ser desalentador. Solo recuerde no fijarse en la pila desechada; sino en el futuro que tiene por delante (Hebreos 12:1–2). Algunos días incluso puede parecerle que retrocede, pero no es así. Está avanzando y no está solo, Dios está metido en el lío con usted.
Siga dejándole sus dudas y temores, proteja su corazón y niéguese a rendirse. Y como mis familiares, deténgase y regocíjese por lo que tiene, y celebre lo lejos que ha llegado. Cada día, se acerca más a una vida restaurada.
KRISTI OVERTON JOHNSON KRISTI OVERTON JOHNSON motiva a las personas y les da herramientas para que logren la victoria mediante sus historias, conferencias y ministerio carcelario. Para más información, visite kojministries.org.