En septiembre, celebramos la segunda edición de nuestro evento anual Revival of Hope en Greenville, Carolina del Norte. Mientras planificaba el evento, hubo momentos en los que incluso me pregunté si debía hacerlo. Y por más que suplicaba a Dios que me mostrara Su voluntad, solo había silencio.
Además, estaba agotada, al igual que nuestro equipo. Todos llevábamos pesadas cargas de trabajo en un intento por lidiar con un sistema de bases de datos recién activado. La idea de añadir un compromiso más a nuestros ya llenos horarios hubiera hecho llorar al más fuerte de los hombres.
Sin embargo, me inquietaba no realizar el evento, porque tampoco había escuchado un “no” definitivo de Dios. Por eso, seguí adelante, aunque con cautela.
Hace años, mi antiguo pastor, Rob Morford, me enseñó que, si el Señor no me hablaba, debía retomar Su última indicación y continuar a partir de ella.
Así que recordé. La última instrucción que había recibido para Revival of Hope había sido montar una carpa sencilla en un terreno en particular para que Dios pudiera moverse por los corazones de la gente de mi comunidad. También sabía que Él había llamado a nuestro ministerio para que diera esperanza a través de relatos auténticos. Me apegué a esas indicaciones cuando empecé a planificar y seguí pidiendo a Dios que guiara mis pasos (Salmo 119:133).
Sentí un gran alivio cuando, meses después de comenzar a organizar, escuché al Señor decir: “Ahí tienes a uno de tus oradores”. Esa breve interrupción del silencio ocurrió durante una reunión en mi despacho con una mujer llamada Renee’ que me dio exactamente lo que necesitaba para continuar.
No había visto a Renee’ antes de ese día. Ella había solicitado una reunión para pedirme que hablara en un evento benéfico llevado por ella y perteneciente a una organización local sin fines de lucro. También me pidió que patrocinara una mesa. Me agradó esa mujer valiente y hermosa, y le pregunté por su historia con Dios. Me contó cómo había llegado a conocer a Jesús y terminó diciendo: “¡El Señor me liberó de un encarcelamiento mental!”.
Dios usó sus palabras para confirmar Su elección. Renee’ no tenía ni idea de que yo había escogido el tema de la libertad para el evento de avivamiento ni que a menudo comentaba que una persona no tiene que estar en una cárcel física para estar encarcelada. Ella era la indicada por dos cosas.
Segura de haber recibido una indicación celestial, invité a Renee’ a formar parte de nuestro programa de ponentes. Meses después, cuando estaba sentada en la tienda escuchando a esta hermosa mujer hablar, alabé al Señor diciendo: “Dios, sabías perfectamente lo que hacías con ella”. Me maravillaba el poder, la convicción, el valor, la belleza y la gracia que irradiaba. (Puede leer la historia de Renee’ en la página 22, así como ver todos los testimonios de los ponentes en youtube.com/@victoriouslivingmin y en las tabletas penitenciarias a través de las plataformas Pando y Edovo).
Un par de meses antes del avivamiento, uno de mis compañeros de equipo admitió que no tenía claro los detalles del evento. “Se siente tan diferente al anterior”, dijo Carla. “Me parece que nos falta algo o que no nos estamos esforzando lo suficiente”. Entonces me di cuenta.
El año pasado enfrentamos muchos desafíos. Tardamos meses solo en obtener una dirección física para poder solicitar permisos, electricidad y seguridad, entre otras cosas. Este año, la planificación fue más sencilla y la ausencia de conflictos nos hizo pensar que estábamos haciendo algo mal. Pero no era así. Estábamos justo en el centro de la voluntad de Dios.
Eso no quiere decir que yo no cometiera algunos errores en el proceso; lo hice de sobra. Tampoco significa que no sufriéramos decepciones. Pero nada de eso obstaculizaba los planes de Dios. Él enmendó esas equivocaciones con gracia harmonizando a personas y cosas sin la menor señal de reproche. Esas correcciones me demostraron que el Señor estaba obrando, aunque guardara silencio.
Me encontré con el Salmo 126:5–6 en mi lectura diaria apenas una semana antes del evento. Decía: “Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha” (NTV).
Sentí a Dios diciendo: “Kristi, he visto las lágrimas y sacrificios de todos ustedes. También he visto cómo has seguido adelante, a pesar de no tener todas las respuestas. Preciosa hija, calienta tu voz y prepárate para alzar la voz, ¡porque ha llegado la cosecha!”.
Esos gritos de alegría llegaron el 12 y 13 de septiembre cuando cientos de personas de nuestra diversa comunidad se reunieron dentro de la carpa al aire libre en esa propiedad normalmente vacía. Hubo más dicha cuando los miembros del equipo regresaron de sembrar semillas de esperanza y levantar una cosecha en la cárcel local.
Era obvio que Dios estaba entre nosotros en cada evento, tanto en la cárcel como dentro de la carpa. Mientras escuchaba a los distintos ponentes, me sorprendió cómo Dios había entrelazado todos sus mensajes de forma tan fluida. Cada uno se construyó sobre el otro, y eso que ningún orador sabía de antemano qué iban a decir los demás.
Al final, una joven me comentó que Revival of Hope era uno de los eventos más maravillosos a los que había asistido y preguntó quién había seleccionado el contenido. Solo pude dar una respuesta: “Dios”.
Cuando terminó el segmento final, tomé mi Biblia y mi cuaderno, y susurré al Señor: “Se terminó”. Le estaba agradecida por todo lo que había hecho. Pero antes de que pudiera terminar, escuché: “Pero si acaba de empezar”. Sonreí.
Evidentemente, Dios tiene mucha más “siembra con lágrimas” en el camino de nuestro ministerio. Pero eso me parece perfecto. Su buena obra todo el tiempo trae la recompensa de una cosecha abundante, siempre que no nos rindamos (Gálatas 6:9).
Quizá hoy usted esté esperando alguna instrucción del cielo. No permita que el silencio de Dios lo paralice por la indecisión.
Si realmente busca la voluntad del Señor y desea caminar en Sus caminos, el Espíritu Santo de Dios lo guiará en la dirección correcta. Así que dé un salto de fe.
Si comete un error, está bien. Arrepiéntase y reconozca que se ha equivocado, aprenda la lección y luego esté dispuesto a intentarlo de nuevo. Dios volverá a encarrilarlo. Proverbios 24:16 (NTV) promete: “Los justos pueden tropezar siete veces, pero volverán a levantarse”. ¿Cómo? Porque Dios siempre estará ahí para ayudarlos.
Así que usted no tema dar un paso al frente. Simplemente camine con humildad, escuchando y observando mientras avanza, confiando en que Dios está obrando, aunque guarde silencio.
Kristi Overton Johnson motiva a las personas y les da herramientas para que logren la victoria mediante sus historias, conferencias y ministerio carcelario. Para más información, visite kojministries.org.