He aprendido mucho sobre cómo manejar los giros complicados de la vida gracias a mi participación en las carreras NASCAR, lo que incluye la estrategia clave de tomarse el tiempo para hacer paradas técnicas. Esas pausas permiten hacer ajustes críticos. He visto a muchos negarse a entrar en los puestos de mecánica y esa decisión acabó por costarles la victoria.

Una vez, estaba en Sudáfrica con mi amigo y leyenda de NASCAR, Geoff Bodine. Estábamos en un equipo que organizó una carrera al estilo NASCAR en la región. Geoff había conseguido la codiciada primera posición de largada y había logrado disputarla durante toda la carrera. Entonces se le acabó el combustible.

“¡Parada, Geoff!”, gritó el jefe de equipo por el interfono. Pero Geoff continuó, seguro de que podía llegar a la meta. Sin embargo, su apuesta no dio dividendos. Se quedó sin gasolina en la última vuelta y se le escapó la victoria.

Las paradas técnicas pueden ser difíciles de aceptar, especialmente cuando un piloto lidera el grupo. Puede sentir que renuncia a su puesto. Pero en realidad se está posicionando para ganar.

En una carrera, una parada técnica permite al piloto y su equipo encarar sus preocupaciones y hacer cambios. Una dirección muy suelta se puede apretar para evitar que el conductor pierda el control. Del mismo modo, una muy apretada se puede aflojar para que tomar las curvas de modo que no requieran tanto esfuerzo.

Por lo general, las reparaciones se realizan con cinta plateada. Nosotros la llamamos “cinta de las 200 mph”, ya que puede cubrir un guardabarros agrietado y hacerlo más aerodinámico. Los autos se repostan y se cambian los neumáticos. Se limpian los parabrisas para despejar la visión y se limpian las entradas de aire para ayudar al motor a funcionar a la mejor temperatura. Por último, el piloto puede refrescarse y volver a concentrarse durante una pausa.

Lo mismo ocurre en la vida. Las paradas técnicas (tomarse el tiempo de salir de la pista y evaluar nuestra vida con Dios y un equipo al que le importemos) pueden ayudarnos a hacer ajustes críticos que eviten quedarnos sin combustible o salirnos de la pista.

Pero he conocido a mucha gente que, como mi amigo Geoff, no quiere tomarse las paradas técnicas. Salir del carril rápido de la vida parece incómodo o contraproducente. Las personas piensan que es una señal de debilidad o permitir que otros las dejen atrás. Pero no es ninguna de esas cosas.

Dios ha preparado una gran carrera para que cada uno de nosotros la corra. Pero nuestras contiendas son largas, complejas y a menudo incluyen giros inesperados y aterradores. Todos debemos hacer paradas para evaluar nuestros trayectos, pensamientos y resultados si deseamos terminar bien.

 

  • Comprométase con Cristo. Jesús cambia a las personas para mejor. “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17 NVI).
  • El orgullo conduce a la destrucción, pero la humildad nos lleva a la victoria. “Humíllense delante del Señor y él los exaltará” (Santiago 4:10 NVI).
  • Acepte, pregunte, sea responsable. Aceptar los ajustes y pedir ayuda no son signos de debilidad; son los primeros pasos hacia un cambio real. Rendir cuentas ante la autoridad nos ayuda a mantener la concentración y avanzar.
  • Aprender a decir “no” a viejas costumbres, pensamientos y personas es fundamental. No todos pueden ir adonde Dios nos dirige.
  • Gracia y gratitud. Sumergirnos en la increíble gracia de Dios y agradecer todo lo que ha hecho nos brindará alegría y momentos de renovación (Hechos 3:19–20).
  • Establezcamos y reajustemos objetivos realistas a corto plazo. Y cuando los alcancemos, pongámonos otros nuevos. Cada pequeño paso nos da una sensación de logro y nos acerca más adonde queremos estar. Celebrar cada hito nos mantiene motivados.

Recuerde, usted no está solo en esta carrera. Dios está con usted para apoyarlo. Decida hacer una parada para encontrarse a menudo con Él. Lo ayudará a identificar y hacer los cambios requeridos y le dará fuerza para el camino.

 

Randy Claypoole fue capellán y representante de relaciones públicas y medios de NASCAR. También fue propietario y operador de la ISCARS Dash Touring Series, una competencia de automovilismo profesional. Miembro del equipo de eventos en prisiones de Victorious Living, Randy ayuda a volver a la pista a quienes se sienten descalificados de la carrera de Dios.