“Para aprender, hay que amar la disciplina; es tonto despreciar la corrección”. (Proverbios 12:1 NTV).
Mi padre siempre me decía tonto y me molestaba mucho. Pero pensándolo ahora, yo hacíaalgunas cosas muy poco inteligentes.
El orgullo era mi mayor problema. Detestaba que me corrigieran y no estaba dispuesto a comprometerme con quien me enseñaba (Proverbios 23:12).
Mi actitud de sabelotodo me impedía escuchar críticas válidas provenientes de Dios y personas que sabían más que yo. No entendía que “las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo” (Proverbios 27:6 NTV).
La soberbia me impedía asumir responsabilidades. Tenía una excusa para todo lo que salía mal. El orgullo también me hacía actuar sin reflexionar. Mi falta de disciplina y autocontrol arruinaba cualquier buen plan que tuviera para el futuro.
El resultado es que pasé más de 30 años en prisión, donde conocí a muchos otros que también detestaban que los corrigieran. Nuestra necia soberbia nos había costado la libertad, la dignidad y relaciones personales. “El orgullo lleva a la deshonra” (Proverbios 11:2 NTV). Soy un vivo ejemplo de la verdad de ese versículo.
Me alegra mucho que mi yo soberbio por fin haya descubierto la verdad de la segunda parte de Proverbios 11:2: “Pero con la humildad viene la sabiduría”. El día en que fui humilde ante Dios, mi vida empezó a construirse sobre el buen juicio, en lugar de la estupidez. El Salmo 111:10 NTV dice: “El temor del Señor es la base de la verdadera sabiduría”.
Este versículo no habla de tenerle miedo a Dios. Ese tipo de emoción nos haría alejarnos, no acercarnos a Él (Hebreos 4:16; Santiago 4:8). Ese pasaje más bien nos dice que debemos sentir un temor reverente hacia Dios. Se puede entender como un “asombro”.
Imagínelo como estar en una playa contemplando un gran océano azul cristalino. O piense que está en una montaña alta con una vista magnífica. Momentos así nos dejan sin aliento.
Cuando finalmente temí a Dios (una vez que comprendí el asombro que causan Su majestad, amor y poder) y fui humilde ante Él, empecé a ganar entendimiento. Y por asombro y respeto hacia Él, ya no quise desobedecer ni vivir en oposición a Sus caminos.
El temor al Señor me ayudó a volverme más sensato aumentando mi conocimiento, visión y comprensión. Y a la larga eso me sacó de la cárcel de modo definitivo. (Lea los capítulos 1 y 2 de Proverbios para ver más beneficios de la sabiduría).
Muchos piensan que pueden renunciar al temor al Señor y aun así hacerse sabios. Asumen que las experiencias de la vida y el conocimiento académico son suficientes. Pero si una persona no reconoce a Dios como fuente de sabiduría, su base para tomar decisiones acertadas no es firme. Alguien sabio construye su vida sobre el sólido fundamento de los caminos de Dios (Mateo 7:24–27).
¿Está usted preparado para ser una persona que crezca en buen juicio? Sea humilde ante el Señory llénese de asombro por Él. Acepte las correcciones de Dios y los demás. “Instruye a los sabios, y se volverán aún más sabios” (Proverbios 9:9 NTV).
La sabiduría lleva a una vida fructífera. “Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella” (Hebreos 12:11 NTV).
Si buscar sabiduría y corrección es algo nuevo para usted, pida a Dios que le despierte el oído para la instrucción (Isaías 50:4 NVI). Él lo guiará en lo correcto y le enseñará Su camino (Salmo 25:8–9).
Oremos: Señor, ayúdame a sentir asombro ante Ti y a hacerme sabio. Ayúdame a escuchar, a recibir corrección sin miedo ni defensa, y a confiar en que Tu disciplina es una señal de que me amas. Deja que Tu sabiduría me dé la forma de quien Tú me has llamado a ser. Amén.
Pregúntese esto: ¿Cuándo lo corrigen, ¿cuál es la primera emoción que siente? ¿Contra qué podría estarlo protegiendo esa reacción? ¿Qué podría estar Dios invitándolo a aprender o a convertirse mediante la incomodidad a la que se resiste?
ROY A. BORGES cumplió una condena de 31 años en una correccional de Florida, donde entendió que necesitaba un Salvador. Mientras estuvo en prisión, Roy brindó ministerio a otros a través de sus escritos, más de 300 de los cuales han sido publicados. Su libro 101 Short Stories from the Prison Cell está disponible en amazon.com.