La valentía no siempre es palabras audaces o actos heroicos. A veces es algo sorprendentemente sencillo. De hecho, a veces puede ser como unas uñas rojas.

Hace poco me pinté las mías de rojo. Eso quizás no parezca una hazaña, pero para mí fue un acto deliberado de coraje. ¿Por qué? Porque mis dedos tienen una identidad y reputación propias. Son largos. Son expresivos. Son un exceso.

Ya sea que esté dirigiendo la alabanza en mi iglesia, grabando contenido para las tabletas de la prisión o enseñando, trato conscientemente de mantener los dedos juntos para que no se apoderen de la tarima, la pantalla o el púlpito. Dicen mucho sin hablar; distraen sin el menor esfuerzo.

La gente hace bromas sobre ellos. Sus comentarios disimulados y miradas de reojo me hacen sentir defectuosa, desprotegida y como si tuviera una debilidad que tengo que ocultar.

Pero eso no es cierto. Sí, a veces mis dedos parecen de alienígena, pero Dios los hizo a propósito y les dio una función. Así que, a pesar de toda la atención que atraen, decidí pintarme las uñas. Y elegí el rojo, el color que más miedo me daba.

¿Y adivine qué? Son hermosas. Quizás destaquen, pero no importa.

Estas uñas rojas me recuerdan que la valentía no es la ausencia de miedo; es elegir actuar de todos modos. Es mostrarse con honestidad en vez de ocultarse en silencio. Es decidir no dejarse gobernar por la inseguridad, sino por la verdad de Dios.

En Josué 1:9 (NVI), el Señor dijo: “¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará adondequiera que vayas”. Dios no estaba invitando a Josué a actuar con valentía, se lo estaba ordenando.

El Señor dio este mismo mandato a Moisés y a los israelitas en Deuteronomio 31:6, en el quetambién prometió que nunca los dejaría ni los abandonaría.

¿Por qué repetiría Dios este mandamiento y palabras de ánimo a su pueblo? ¿Por qué decírselo a Moisés e Israel, y luego otra vez a Josué?

Bueno, se enfrentaban a un territorio desconocido y asumían responsabilidades que parecían ser superiores a su fuerza. Dejaban lo conocido para caminar hacia lo prometido. Y se sentían desprotegidos.

Dios no los avergonzó por su miedo. En cambio, les recordó: Estoy con ustedes. Iré con ustedes. Nunca los dejaré ni abandonaré.

A menudo repito esta escritura a lo largo de mis días, sobre todo en momentos en los que el miedo parece más grande que la fe. Imagino que Moisés y Josué también tuvieron que recordarse con regularidad las palabras de ánimo de Dios.

Ser fuerte y valiente no es fácil, pero es necesario si queremos hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. Cada día le pido al Señor su fuerza para poder elegir el valor sobre el miedo. Quiero obedecerle a pesar de cómo me siento, mis circunstancias, mis defectos, mi pasado o mis limitaciones.

Recordar que Dios promete estar conmigo y que nunca me dejará ni abandonará me ayuda a encontrar el valor y la fuerza que necesito para presentarme en público y actuar. Esto no significa que nunca sienta miedo; simplemente quiere decir que el miedo ya no determina mi siguiente jugada.

El miedo tampoco tiene que determinar su siguiente jugada. Si usted elige confiar en la presencia de Dios y Su provisión, Él lo llevará directamente a su tierra prometida, libre de adicciones, relaciones rotas, remordimientos, carencias y vergüenza.

Pero usted tiene que actuar. Tiene que elegir la incomodidad y negarse a escuchar sus inseguridades y lo que otros susurran.

Así que, amigo, hoy, sin importar cuales sean sus uñas rojas (cualquier pequeño y callado acto de valentía que Dios lo esté invitando a tener), actúe, a pesar de todo y de todos. Dios estará con usted a cada paso del camino.

Pregúntese esto: ¿Qué miedo intenta controlarlo? ¿Dónde lo llama Dios a ser fuerte y valiente, aunque no se sienta preparado? ¿Qué paso de valentía le está pidiendo Dios dar ahora mismo, aunque parezca tan pequeño como unas uñas rojas?

SHERIDAN CORREA es consejera bíblica especializada en atención integral basada en el trauma así como directora del programa de bienestar de Victorious Living. Esposa y madre de dos adolescentes, ha visto su vida transformada de modo radical por Jesús.