La intimidad con Dios es el consuelo de alcance más profundo cuando sufrimos. La presencia del Señor era casi palpable tras la muerte de mi esposo, Dan. Yo conversaba constantemente con Él. Su alivio era real y Su consejo, claro.

Pero ¿qué hacemos si sentimos distante al Señor ante nuestro dolor? Las escrituras prometen que si nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8). La presencia de Dios se basa en Su carácter, no en lo que sentimos. Dios está cerca de los quebrantados de corazón (Salmo 34:18), y eso es cierto ya sea que lo percibamos así o no.

Hebreos 4:16 dice: “Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente” (NVI). Quizás no elijamos nuestras circunstancias, pero sí el acercarnos más a Dios.

Así que estos son diez consejos prácticos para acercarnos a Dios cuando sufrimos:

  1. Estudie Su palabra. Dios se revela en las escrituras. La Biblia no es solo para aprender sobre Dios; podemos encontrarlo en ella. Las escrituras están vivas y activas. Nos reprenden y nos guían, nos señalan la verdad, responden a las oraciones y transforman nuestras mentes (Romanos 12:2).

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16–17 NVI). El tiempo que dediquemos a la Palabra nunca será un desperdicio (Isaías 55:11).

  1. Exprese gratitud. La gratitud nos abre la mirada a todo lo que Dios hace en nosotros y nuestro entorno. Nos ayuda a estar satisfechos y confiar en el Señor en vez de quejarnos de Él. Debemos agradecer en todas las circunstancias; la gratitud tiene un poder enorme.

La vida de Jesús fue un modelo de gratitud. Antes de alimentar a más de 5.000 personas con dos pescados y cinco panes, Jesús dio gracias a Dios (Juan 6:11). Antes de resucitar a Lázaro, Jesús agradeció a Su Padre por escucharlo (Juan 11:41). Incluso agradeció a Dios la noche en que lo arrestaron (1 Corintios 11:23–24). Cultivar la gratitud deliberada nos ayuda a acercarnos a Dios.

  1. Laméntese. Lamentarnos es llevar nuestras emociones y preguntas complicadas ante Dios, dejarlas allí, y confiar en Su carácter y Sus promesas para recibir el consuelo y las respuestas que necesitamos. No tenemos que ocultar lo que sentimos ni fingir que estamos bien. Dios nos creó con emociones. Nuestras emociones están seguras con Él.

Encontramos el lamento a lo largo de las escrituras. Ana le lloró a Dios con profundo dolor por su infertilidad. Job, Jeremías y Moisés se lamentaron ante Dios en sus situaciones. Un tercio de los Salmos son de lamento y revelan cómo David y otros expresaron sus dificultades y emociones ante Dios. Lamentarse no es clamar contra Dios con amargura o enojo; es clamar por Él a medida que nos le acercamos.

  1. Ore. Jesús se alejaba para orar solo (Lucas 5:16). Pasaba noches enteras en oración, y lo hizo intensamente antes y después de hechos cruciales. Antes de llamar a los 12 apóstoles, Jesús pasó la noche en oración. Después de alimentar a las 5.000 personas, oró solo en una montaña. Y antes de ser arrestado, juzgado y crucificado, oró vigorosamente.

El poder y la intimidad de la vida de oración de Jesús debe haber interesado a Sus apóstoles porque lo único que le pidieron fue que les enseñara a orar (Lucas 11:1). Nunca dejó que las ocupaciones o las necesidades apremiantes lo apartaran de la oración. Aunque quizás parezca una forma obvia de acercarnos a Dios, debemos escuchar, quedarnos y perseverar en la oración de modo deliberado.

  1. Lleve un Diario. Escribir un diario nos ayuda a procesar nuestro sufrimiento. Nos libera de las emociones pesadas que nos agobian y desenreda esos pensamientos negativos que escuchamos repetitivamente en nuestras cabezas. Para quienes pensamos en voz alta, un diario ayuda a resolver las cosas.

Ya sea que usted escriba un diario para ayudarse a estudiar la Biblia o que lo lleve para procesar una pérdida, los beneficios son enormes. Nos ayuda a hacer una pausa para captar lo que Dios nos enseña. Nos permite ver las cosas de otro modo cuando transitamos momentos difíciles. Nos da un lugar para la confesión regular, para registrar peticiones y respuestas a la oración, y para escribir pasajes de las escrituras sobre los que queremos meditar. Llevar un diario de duelo nos ayuda a reducir el estrés y mejora nuestro estado de ánimo. Es un lugar seguro para procesar las emociones.

  1. Alabe y adore. El día que mi esposo murió, nuestra casa se llenó de amigos y familiares. Nunca olvidaré a la amiga que anunció: “Necesitamos música de adoración” mientras ponía un CD. Más tarde, otro amigo me invitó escuchar a mis hijos y sus amigos que estaban arriba cantando y tocando guitarras en adoración.

La adoración nos acerca a Dios cuando no tenemos palabras. Nos recuerda Su verdad cuando las circunstancias gritan otra cosa. Fija nuestra mirada en Él cuando no podemos ver el camino y renueva nuestra esperanza a medida que nos anclamos en las promesas de Dios.

  1. Enfrente sus pensamientos. Nuestra mente es un campo de batalla cuando estamos en una situación de sufrimiento o dolor. El miedo, la preocupación, la duda, el arrepentimiento, la ira, la amargura y la desesperación pueden impedirnos avanzar. El problema no son nuestras emociones, sino que ellas pueden generar mentiras. Así que debemos llevar cautivo todo pensamiento ante la verdad de Dios y dejar que Su Palabra sea más fuerte que cualquier otra cosa que escuchemos (2 Corintios 10:5).

Debemos cambiar a diario nuestros pensamientos por los de Dios. Filipenses 4:8 nos dice que pensemos en “todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”.

El pensar en esas cosas se produce cuando estamos en la Palabra de Dios de modo constante y elegimos con cuidado lo que escuchamos, leemos y vemos. Las afirmaciones diarias del amor de Dios y Sus promesas nos ayudan a atravesar las épocas difíciles en las que debemos esforzarnos por concentrarnos en la verdad.

 

  1. Descanse con regularidad. Dios sabe que el ajetreo interminable y las distracciones constantes nos impiden permanecer en Él. Descansar es el mandamiento de Dios y Su regalo para que podamos recargarnos con regularidad. El duelo es agotador; consume una enorme cantidad de energía física, mental, cognitiva y emocional. Tomarse un tiempo para que nuestro cuerpo repose es imprescindible, pero también debemos practicar el descanso de nuestras mentes y emociones en Dios para que Él renueve nuestras fuerzas (Mateo 11:28).
  2. Salga al aire libre. La creación de Dios nos ayuda a acercarnos más a Él. Incluso mientras escribo esto, puedo escuchar el canto de los pájaros. Es un recordatorio de que si Dios cuida del gorrión, también cuida de nosotros (Mateo 6:26). Vemos la gloria de Dios en la naturaleza, desde en el glorioso diseño de las flores silvestres que yacen al borde de la carretera hasta en la majestuosidad de una cascada. Nuestro Creador, que mantiene unido al mundo, también mantiene juntos nuestros corazones.
  3. Vica en comunidad. No estamos destinados a vivir aislados de los demás. La Biblia nos dice que no dejemos de congregarnos (Hebreos 10:25). El enemigo sabe lo importante que es tener una comunión significativa con amigos piadosos y la familia de la iglesia. Así que se esmera por mantenernos alejados de ellos.

Si bien no necesitamos un servicio para adorar a Dios, reunirnos con otros creyentes es irremplazable. Nos permite ser testigos del aliento y el cuerpo de Cristo trabajando en conjunto por la gloria de Dios. Además, nos brinda sentido de responsabilidad hacia una comunidad y de compañerismo hacia otras personas que viven y aman de un modo diferente al resto del mundo.

La intimidad con Dios no es solo para unas pocas personas extremadamente espirituales. Dios nos creó a todos para tener una intimidad profunda con Él. Pero una relación estrecha con Dios no es casual. Aunque algunas de estas prácticas pueden parecer mecánicas al principio, sobrepóngase a esa incomodidad. Busque al Señor. Vaya a Él con honestidad y entréguele su corazón por completo una y otra vez.

 

LISA APPELO es una oradora, escritora y enseñante de la Biblia que inspira a las mujeres para que profundicen su fe en medio de la pena y hallen la esperanza en la dificultad. Abogada litigante en el pasado, ahora llena sus días con la crianza de siete hijos, el ministerio, la escritura, sus charlas y correr lo suficiente para justificar todo el chocolate negro que consume. Encuentre aliento para la fe, el dolor y la esperanza en LisaAppelo.com.